Este es el lugar de reposo de personalidades como Evita Perón, o miembros de la más alta aristocracia porteña. Un laberinto de pasillos entre mausoleos y capillas con ángeles de expresión triste y tumbas rubricadas con cúpulas de inspiración gótica o neoclásica.Cada mausoleo familiar tiene su capillita donde rezar para su descanso eterno y las criptas siguen abiertas algunas, o con los cristales rotos fruto del paso del tiempo y el descuido, por donde entran y salen los gatos a su antojo y por donde se ven los ataúdes cubiertos de telarañas y moho.






Avalanchas de turistas lo visitan cada dia, aunque entre los numerosos pasillitos se puede uno sentar y encontrar un poco de tranquilidad.
En este lugar se puede ver como algunas personas persiguen la ostentosidad hasta sus últimos dias, incluso más aún en ese momento. Me pregunto porqué damos tanta importancia a la muerte, no es un trámito más de la vida
No se puede negar, sin embargo, la singular belleza del lugar.













El colectivo nos dejó delante del histórico estadio del Boca Juniors, donde jugó Maradona. Los turistas gringos compraban como locos camisetas y otro merchandising del equipo mientras sus esposas se sacaban fotos con una llama o con un apuesto bailarín de tango. El hermoso y soleado día que hizo el sábado dio aun más colorido a las casitas de chapa, con sus carteles fileteados, pero provocaba a su vez que el Riachuelo terriblemente apestoso del barrio soltara más vapores, inundando las calles con su hedor. Cuando nuestra nariz se acostumbró al olor, nos comimos un choripán acompañado de cerveza en un kioskito de la zona. Y así pasó la tarde de sábado, hasta que tomamos de nuevo el colectivo, rumbo a otro lugar donde todavía diera el sol.



























